Nueva Conciencia – Aporte a Ojos del Alma

Posted on: November 5th, 2012 by admin No Comments

Siempre nos han enseñado que la vida consiste en nacer, trabajar, producir, consumir, aprovechar todos sus placeres y después morir. A lo largo de nuestra existencia pasamos por todas las fases de una educación formal, entramos en el mercado de trabajo, logramos un salario razonable, constituimos familia, tenemos nuestros hijos, en fin, vivimos una vida normal. Pero llega un momento en que sentimos que algo nos falta, que algo no se nos ha enseñado, pero no sabemos lo que es. Ya nada parece tener sentido. Y en ese momento empieza una crisis de transformación en tu vida.

Nosotros somos seres de sentido, necesitamos dar un significado a las cosas que hacemos, no podemos vivir sin eso. Es lo que nos mueve, lo que nos hace levantarnos por la mañana con alegría, e ir más allá de nuestros límites. Cuando falta el sentido, empiezan las preguntas: ¿qué estoy haciendo aquí? ¿Para dónde voy? ¿Por qué se vive? ¿Y qué sucede después de la muerte?

Cuando empezamos a hacernos estas preguntas parece que todo se pone patas arriba. Surgen interrogantes, cuestiones, conflictos. Una insatisfacción muy profunda parece minar nuestra energía. Empezamos a producir enfermedades, surgen los conflictos emocionales, la insatisfacción profesional… la crisis de transformación viene justamente para romper las ataduras que nos mantienen en un camino sin sentido.

En ese momento, una de dos: o se ve esa crisis como una amenaza externa, un hongo, una bacteria, una depresión, se corre al médico y se llena uno de medicamentos, o entendemos que aquello tiene un significado, es una señal, y está indicando que hay algo que se tiene que aprender.

En el primer caso se produce un bloqueo; todo se estanca y vuelve a la pseudo-normalidad. En el segundo, se produce una apertura. Toda elección tiene consecuencias. Si has elegido abrirte, empiezan a suceder cosas extrañas en tu vida. Piensas en una persona y ésta telefonea. Entras en una librería y cae en tus manos el libro que necesitabas leer. Tienes un problema pendiente de resolver, y la película que estás mirando habla de la cuestión. Abres el periódico y ves un anuncio del empleo que estabas buscando. Cosas así, que a primera vista podemos decir: ¡casualidad!

Sí, pero cuando esas ‘casualidades’ empiezan a repetirse, ya no son ‘casualidades’… y empiezas a sospechar de que por detrás de todo esto hay un sentido que se devela, una señal que se da, una mano que te lleva hacia un camino.

Esa es la nueva conciencia que está surgiendo. Ese es el despertar de la conciencia transpersonal. Sentir la presencia de una fuerza misteriosa que parece conocer tus pasos, tus pensamientos, y que se preocupa por ti. Jung dio a esto el nombre de sincronismo, acontecimientos significativos que se producen en la vida de una persona.

Cuando el sincronismo empieza a ocurrir en nuestra vida, algo empieza también a desarrollarse en nosotros. Es la llamada tercera inteligencia, la inteligencia espiritual. Durante todo el siglo XX se ha dado mucha importancia al nivel de C.I. de las personas, la inteligencia racional; tener un hijo con alto CI era el no va más. Después, con Daniel Goleman, hemos empezado a darnos cuenta de la importancia de la inteligencia emocional. Era más importante saber administrar las propias emociones y lidiar con las de los demás. Él decía que las personas más triunfadoras no eran aquellas que tenían un CI alto, sino aquellas que tenían una inteligencia emocional bien desarrollada.

Sin embargo, hace algunos años, con las investigaciones hechas por neurólogos y psicólogos, hemos empezado a comprender que hay un tercer tipo de inteligencia, con la cual no solo captamos hechos, ideas y emociones, sino que percibimos los contextos mayores de nuestra vida, las totalidades significativas, y que nos hace sentir insertos en el Todo. Ella nos hace ser sensibles a valores, a cuestiones ligadas a Dios y a la trascendencia. Se le llamó inteligencia espiritual, porque es propio de la espiritualidad captar la totalidad, la unidad, y orientarse por visiones de lo sagrado. Por eso han llamado a esa zona ‘el punto Dios’ en el cerebro.

Los estudios hechos con personas en meditación relataron sentimientos de éxtasis místico, de unión, de la presencia de Dios. Era como si estuviesen frente a una Presencia Viva. Descubrieron que las personas que tenían más desarrollada esa inteligencia se hacían personas mejores. Llegaron a distinguir algunas cualidades específicas en tales personas:

· Mayor apertura al auto-conocimiento; deseo de desarrollar su potencial humano.
· Personas idealistas, movidas por la voluntad de crear, de cambiar, de construir algo nuevo.
· Personas que tienen una visión de conjunto, de síntesis, del todo.
· Personas que tienen un corazón compasivo, amoroso, espontáneo, solidarias con el prójimo en cualquier situación.
· Personas de buen humor, a bien con la vida, llenas de alegría, entusiasmo y ganas de vivir.
· Personas intuitivas y de gran percepción, creativas y místicas.

Pierre Weil llamó ‘mutantes’ a esas personas en proceso de expansión de conciencia. Y es, ciertamente, por medio de una mutación como empieza la dimensión transpersonal de la conciencia. Cuando uno se da cuenta de que hay algo mucho más verdadero que nuestras meras identidades, nuestras creencias, nuestras opiniones, nuestros apegos. Ya no volvemos a orientarnos a partir de nuestros intereses personales, sino de aquello que va más allá, que trasciende la propia individualidad y se dirige a lo colectivo, lo social, el otro. Solo entonces comprendemos que estamos aquí en el mundo a servicio, todos nosotros somos servidores. Esa experiencia lo cambia todo.

La visión de la espiritualidad que resulta de esa mutación interna provoca una nueva postura ante la vida, una vivencia real, un cambio interior que no tiene nada que ver con la religión ni con doctrinas espíritas. Espiritualidad es un término que significa más una dimensión noética, una propensión a los valores humanos, una capacidad de trascendencia que puede o no estar vinculada a una práctica religiosa.

Mani desde Brasil

Deje un comentario